viernes, 23 de mayo de 2014

Por la soberanía energética en Canarias. PODEMOS usar energías limpias.

Si nos sobra energía ¿para qué petroleo? dice el acertado lema de la campaña de Ben-Magec de la que pueden consultar publicaciones en el anterior enlace.

En Podemos apoyamos esa campaña y defenderemos en Europa entre otras estas medidas de control Ambiental:
  • Disponibilidad del agua y que sea considerada derecho humano y sea sometida a gestión pública
  • Control y vigilancia para el cumplimiento de la normativa sobre tráfico y limpieza de buques en Canarias, Zona marítima especialmente sensible
  • Uso de energías limpias y renovables
  • Gestión integral de basuras y residuos
  • Uso de energías limpias en el transporte público
  • Apoyo a rehabilitación de viviendas y construcción de viviendas ecológicas
  • Paralización total de los planes de Prospecciones petrolíferas en nuestras aguas
En este vídeo breves declaraciones del cabeza de lista de nuestra candidatura a las elecciones europeas Pablo Iglesias. No a las Prospecciones petrolíferas


Ciudadanía y Democracia. Artículo de Isabel Suárez Manrique de Lara.

Ciudadanía y democracia 
por Isabel Suárez Manrique de Lara, del Círculo Podemos de Gran Canaria
Desde hace unos años asistimos a una deslegitimación de los partidos políticos, de todos por igual, tengan el poder o no, y se proclama la necesidad del “empoderamiento de la ciudadanía”. Es más, se llega a considerar por algunos que “ciudadanía” y “militancia en un partido político” son conceptos enfrentados, y que el partido político representa todo lo malvado y negativo. Se le atribuyen a los partidos prácticas de “confabulación”, “manipulación”… todo un rosario de perversidades, que recuerda la denominación de “secta judeomasónica” con la que el franquismo señalaba a cualquier oposición a su política. La ciudadanía, en cambio, que se supone es toda aquella población que no forma parte  de ningún partido, por el mero hecho de existir representa lo positivo, lo auténtico, es la verdadera depositaria de la democracia. Incluso, a veces, para oponerse a los partidos políticos se utiliza la demagogia, la manipulación fácil…, justo de la que se acusa a los partidos.
Creo que tratar a todos los partidos por igual no solo es simplificar la realidad sino que es un planteamiento de la extrema derecha. Lo que no excluye la crítica a los partidos que pongan sus  intereses internos, o personales de sus miembros, por delante de los de la ciudadanía. 
Es necesario ir más allá de este fenómeno, analizar qué hay en el fondo  y tener en cuenta dos conceptos: ciudadanía y democracia, que están íntimamente relacionados. Además del hecho de que los partidos son la vía principal de participación democrática formal.
El concepto de ciudadanía ha evolucionado a lo largo de la historia. Desde el “ciudadano” de la antigua Atenas, donde era una minoría de la población la que ostentaba ese nombre (sólo hombres, nacidos en Atenas y libres), pasando por el concepto liberal de la ciudadanía, donde lo que se defendían eran los derechos individuales del hombre ciudadano. Sin olvidar la contribución feminista a partir de la Ilustración, contraria a la diferenciación entre la esfera pública y la privada que situaba a la mujer en la privada, al margen de los derechos que se ejercían en la esfera pública, y se reivindican los derechos de los cuidados, de la esfera privada. 
En época reciente,  frente al antiguo liberalismo reductor del papel del Estado surge el neoliberalismo, donde ya no hay oposición a la intervención del Estado sino todo lo contrario. En él se combina la desregulación del mercado y la intervención permanente del Estado en el campo de la sociedad civil, tendiendo a crear una nueva ciudadanía desde cero, gobernada únicamente por la lógica del cálculo económico, que considera que cuando se salga de ahí es paternalismo generador de falta de productividad. El Estado se desentiende de la producción, del cuidado de las infraestructuras, de los servicios sociales, incluso de la investigación científica, pero interviene para extraer  rentabilidad de cualquier actividad, privada y pública: la educación, la investigación, la sanidad, la calidad de los servicios, la función judicial... No es sólo una ideología, sino una forma de ejercer la actividad política. Y no sólo pretende eliminar cualquier signo de conflictividad, lo que es esencial para sus objetivos, sino que convierte las acciones de las personas y los grupos en dependientes de un criterio único: la utilidad cuantificable. No pretende desmantelar el gobierno, sino desarrollar una técnica de gobierno, en que el Estado orienta sus funciones a empujar a los individuos a convertirse en “emprendedores”, lo que, en principio, no estaría mal si no fuera porque el concepto implica la exclusión de quienes no lo sean y de los que sean considerados improductivos. Una concepción que, para imponerse necesita de una paralela desvalorización de la democracia, lo que se llama la “a-democracia”, donde la reivindicación de los derechos universales ya no desempeña ningún papel. Y se promueve una ética individualista: lo que vale es el “cuidado de sí mismo” y comportarse como un “emprendedor de sí mismo”, con autonomía del conjunto de la ciudadanía. Es un individualismo destinado a destruir las instituciones sociales y cualquier noción de solidaridad. Surgen, entonces, comunidades que se proyectan en un espacio mundial a través de las redes sociales.      
Esto ha ido acompañado de una progresiva crisis del parlamentarismo o, más apropiado, una crisis del concepto mismo de representación: la ciudadanía rechaza la “delegación de poder” y reclama el “control” de esa  delegación. La crisis de la institución política, la “desdemocratización”, no consiste en una desvalorización de determinada representación sino de la representación misma. En este contexto al gobierno neoliberal no le interesa la ausencia absoluta de conflicto, sino su instrumentalización: se utiliza para su desvalorización, descalificación y represión. Juegan con fuego.
Frente a este panorama es necesario lo que se denomina “democratizar la democracia”, hacer que funcione la democracia.  Este enunciado incorpora una concepción crítica de la ciudadanía, una dimensión de ciudadanía reflexiva. Encierra una serie de características, (como propone Étienne Balibar en Ciudadanía): La democracia siempre está por venir y su agente es la ciudadanía activa; un dispositivo constitucional nuevo lo será realmente y tendrá un contenido cívico si aporta más derechos, participación, más representación de las opiniones de la ciudadanía y haga entrar en la “política” los problemas de la población; invención democrática con un sentido positivo afirmativo frente al concepto de resistencia y oposición. Una lucha por la democracia es al mismo tiempo una  experiencia de ciudadanía democrática. La democratización de la democracia implica un trabajo de la ciudadanía para superar obstáculos subjetivos y la “desobediencia civil” es uno de los criterios positivos de la ciudadanía, por más que los voceros la tilden de “antisistema” para que no se note demasiado que son ellos los destructores del sistema democrático, que ya peligra lo suficiente como para que nos dejemos de paños calientes. Esta democratización es una lucha en muchos frentes y hay que tener en cuenta que todos los movimientos son constituyentes en la medida en que sean insurgentes. La insurrección es la modalidad activa de la ciudadanía en defensa de sus derechos.
La dicotomía no es, pues, ciudadanía-partido político, sino ciudadanía crítica y democratización de la democracia frente a la desdemocratización neoliberal.

Directiva Villarejo de DDHH y Control Ciudadano.

Muchas las ideas que queremos transmitir, mucha la ilusión, las experiencias compartidas con las y los compañeros/as en este viaje de la campaña. Más ganas de comunicar que tiempo para poder hacerlo.
Elijo esta entrada entre tantas que se me ocurren para el blog por destacar las propuestas del ex-fiscal anti corrupción cesar Jiménez Villarejo.

Échenle un ojo a La Directiva Villarejo  que Podemos defenderá en Europa.

¿No les parece que sería un orgullo saber que su voto contribuyó a poner a este hombre en el Parlamento Europeo. Sí se puede ¡Claro que Podemos!


Ni corazón ni vergüenza. Artículo de José Ramón Morales Caballero.


“NI CORAZÓN NI VERGÜENZA”

Por José Ramón Morales Caballero

‘Probe’ PPmanuelSoria, la opinión que difunden de él los grandes medios lo tiene un poco ciclotímico, con tendencia al solitario desamparo del tristón al que le sale mueca en vez de sonrisa. Del Aznarito clonado con tics de cuando empezó, a superministro de la “economía real”, como fardaba ante sus allegados que cada vez más socarronean a sus espaldas. Transita en Madrid estirando nariz y barbilla hacia arriba como si algo oliese a podrido a su alrededor. A pesar de ese aspecto tan pulcro, bien trajeado y tieso como cartón piedra mojado en perfume y fijador, no consigue evitar ese característico mal olor a gasoil que arrastra tras de sí como un burro las moscas.

Yo creo que está perdiendo el mísero respeto político del que disponía en su Gran Canaria natal. No es lo mismo el cariño que le regala o presta (no sé muy bien) Repsol que el cariño de una esposa, de una hija o de una madre. A PPSoria no es que le crezcan las enaguas o los enanos, es que ya no le mola ni a Rajoy que lo escogió. No es que su política (por llamarla de alguna forma), su función pública, le desacredite saliendo y entrando de pantano en pantano de la mano de consejos de administración y banqueros, no. Es que llueve sobre mojado y... vuelve a llover. Es que es el responsable o el irresponsable que enciende todo tipo de alarmas cada vez que abre el boquín, para deleite de los comentaristas de los medios que parecen escribidores de la página de sucesos en vez de analistas u opinadores de la actividad política cotidiana.

Hay que reconocerle que, aunque sea involuntariamente -además de por pocas luces y peor asesoramiento-, consigue que se unan, por ejemplo, decenas de miles de majoreros y conejeros de diferentes estratos socioeconómicos (trabajadores, estudiantes, empresarios y políticos) en las manifestaciones más numerosas que nunca se habían visto antes, bajo el amparo de la mayoría de las instituciones y administraciones isleñas y con un apoyo muy amplio y significativo del resto de las islas. Ha montado un caos energético que arranca en los grandes temas (hidrocarburos, redes de distribución, empresas, renovables, …) y llega hasta lo más sencillo pegado a los escuálidos bolsillos de la plebe: los recibos de la luz, precio del combustible de los vehículos, del gas doméstico, etc...

No se sienta a hablar con las organizaciones ciudadanas ni con los especialistas en estos asuntos. Se sienta un día si y otro también con los consejos de administración de empresas, con los bancos y algún jeque árabe que pasaba por allí con el rey o sin él. Algo tiene en común con el resto de los ministerios. El desprecio innoble y perverso hacia la gente, hacia las trabajadoras y los trabajadores, los estudiantes y las personas mayores, los dependientes y la infancia desprotegida, los migrantes subsaharianos y las mujeres en general, en definitiva, hacia la mayoría de la población.

Ese maltrato que nos procura y nos ha procurado, tanto él como un bipartidismo corrupto (PP-PSOE), se basa en algo verdaderamente devastador: el más absoluto desprecio y desinterés por el futuro próximo, el que ya está a la vuelta de la esquina. Como dice una buena amiga: ¿es que no tienen hijos y nietos?, ¿es que creen que van a vivir para siempre y van a poder gastar los millones que acumulan metiendo, muchos de ellos, la mano en la saca?, ¿es erótica del poder o pura corrupción económica personal y de sus grandes partidos? Ella misma se responde, “chacho, ¿sabes lo que pasa?, lo que pasa es que no tienen ni corazón ni vergüenza, son unos mangantes tal como dice Pablo Iglesias”.

José Ramón Morales es miembro de Ben Magec y de Podemos.


miércoles, 21 de mayo de 2014

La Alegría Política. por Diego Perdomo

La Alegría Política. Por Diego Perdomo

La pregunta se queda horas retumbando en la conciencia. Como un despertador amable: mitad caricia, mitad electro-shock. Nueve palabras que nos interpelan de una manera ineludible: "¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?". Por decirlo con Bob Dylan: "La respuesta, amigos, está flotando en el viento"...

La pregunta nos sacude las entrañas porque nos impele a religar dos conceptos que intuíamos antitéticos: el concepto de "Alegría" y el de "Política". ¿Podrá existir tal cosa como una Alegría Política? ¿Sería entonces un cuentito de brujas de La Casta (otro más) que la Política no es más que esa mentira encorbatada e insufriblemente tediosa que puebla nuestros televisores despoblándonos a su vez el alma?  ¿No son lo suficientemente serios los temas de la polis como para que los tratemos con una sonrisa de júbilo indisimulado en el rostro? Demasiadas  preguntas, tal vez. Y quizás la respuesta que buscábamos antes la debamos encontrar en el futuro (flotando, puede que bailando) en lo que Miguel Hernández llamase el "viento del pueblo".

La Alegría: el despliegue colosal de una potencia, de una fuerza encadenada durante demasiado tiempo. La Alegría Política, ese reconocerse en los dolores compartidos, en las esperanzas susurradas, en las humillaciones silenciadas. Ese milagro terrenal que se produce cuando sentimos que el transeúnte con el que nos cruzamos es nuestro hermano. "Caminar entre la gente con el secreto a voces de estar vivo", dijo el poeta.  La Alegría.

El Poder nos quiere tristes. Por mucha carcajada enlatada que nos intente inocular a través de sus subproductos culturales, que nadie se lleve a engaño, la Casta nos quiere resignados, ojerosos, lúgubres. Decía Desmond Tutu que no había nada más difícil que despertar a un hombre que se hace el dormido. ¿O estábamos verdaderamente dormidos? Una cosa es cierta: hemos despertado. Por eso tiemblan.

Ese amable despertar se lo debemos, qué duda cabe, al 15M, del que se cumple el tercer aniversario estos días. Reconozcámoslo públicamente: el movimiento que ocupó las plazas de toda España bajo el lema "no somos mercancías en manos de políticos y banqueros" nos cogió a muchos con el pie cambiado. Por centrarnos en el tema que nos incumbe, un fenómeno que de entrada me produjo mucha perplejidad con respecto a este auténtico acontecimiento (definiendo "acontecimiento" en este contexto como ruptura de la ley de causa y efecto política, llegada de lo imprevisible, devenir-otro de todo un colectivo humano) al que designamos como "15M", fue el carácter festivo que anegaba las manifestaciones que se produjeron en todo el Estado esos días -y en los 3 años subsiguientes-. Independientemente de la gravedad de los actos gubernamentales que se estuviesen denunciando, sin atisbo de olvido de toda la tragedia subterránea que cimbraba los cimientos del consenso social alcanzado en el 78 (hoy ya definitivamente hecho trizas), los manifestantes sonreían, los desconocidos se abrazaban, y hasta los que fuimos de primeras un tanto escépticos a ver qué se cocía en aquella indescifrable cazuela que fue (y sigue siendo) el 15M nos descubríamos con la cara empapada de un llanto irreprimible. Era la Alegría Política, que venía con sus lágrimas de oro a cambiarnos la vida para siempre.

Y en esto llegó Podemos. Y, una vez más, en las asambleas de los círculos, en las pegadas de carteles, en los debates virtuales, en el momento de la redacción de este artículo, el mismo sentimiento inconfundible: la Alegría Política. La tristeza, sin embargo, es madre e hija del aislamiento. Porque --lo escribió John Donne hace ya unos cuantos siglos- "ningún hombre es una isla". Por muchas robinsonadas que nos quieran contar los liberales de ayer y los neoliberales de hoy, la soledad no ha hecho feliz nunca a nadie.

Y a todo esto, sin que nos diésemos cuenta, ensimismados como estábamos en la resignificación de la práctica totalidad de conceptos que conformaban el utillaje retórico con el que habíamos leído la realidad política hasta ese momento, percibimos, con el asombro propio de los felizmente despiertos, que la Alegría se nos acercaba con su manto de luz, guiñándonos el ojo, esperándonos con paciencia. Y entonces aprendimos una lección inolvidable: la Política del futuro será alegre o no será.

¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?


Diego Perdomo, filólogo y miembro del Círculo de PODEMOS en Gran Canaria



miércoles, 14 de mayo de 2014

La Unidad Popular contra la Casta. por Diego Perdomo

La Unidad Popular contra la Casta. por Diego Perdomo
¿Qué es 'La Casta'? Muy sencillo: la Casta (interesante lapsus: estuve a punto de escribir 'La Caspa') es el Complejo Económico-Político-Mediático-Financiero que nos desgobierna desde hace más de 30 años. Lo forman las empresas del IBEX 35, los grandes partidos políticos, los medios de comunicación de masas, las constructoras y la Banca. Se trata de un poder cuasi-omnímodo circundado por un vasto entramado de redes clientelares. Hablamos de ese pegajoso tejido parasitario formado por toda suerte de bravucones con la cara más dura que un ladrillo de los de la burbuja y el corazón del color de un fajo de billetes de 500 euros (sí, uno de ésos que vuelan de sobre en sobre rumbo a Suiza. Ya nos explicó Jean Ziegler que la banca helvética lava más blanco el dinero negro que ningún otro Estado-detergente dentro de ese gran casino-lavandería en que han convertido la economía mundial). En definitiva, con el significante 'Casta' intentamos designar al infumable tinglado de mangantes y sin-vergüenzas-con-marhuendas, que nos repite día sí y día también que "no se puede". Como eco disonante de este discurso se ha podido escuchar en todas las plazas de España desde hace casi un lustro el siguiente pareado: "La rosa y la gaviota / nos toman por idiotas".
Los integrantes de 'La Casta' intentan colonizar nuestras conciencias con el viejo mantra thatcheriano: "no hay alternativa". Pretenden hacernos creer que la Economía pertenece al campo de las Ciencias Naturales; es decir, que la voluntad humana no tiene margen de acción ninguno para alterar los inescrutables designios del Dios Mercado. De ahí surge la proliferación de metáforas meteorológicas que satura el vocabulario neoliberal desde que se inició la crisis. Llevamos ya muchos años (demasiados) escuchando a los tecnócratas que rigen los destinos de Europa perorar sobre "tormentas" financieras, "nubarrones" en la bolsa, "brotes verdes" en las oficinas de desempleo y sandeces por el estilo. Y todo ese nauseabundo discurso va dirigido inexorablemente hacia el mismo final infeliz: la única política económica posible es la Austeridad, los desgraciadamente célebres "recortes". La realidad, sin embargo, es muy otra: sí hay alternativa. Podríamos resumirla repitiendo nuestro querido artículo 128 de la Constitución Española: "Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general." No estaría de más citar también el conmovedor adagio que vitorean desde la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca): "Sí se puede, pero no quieren".
¿Quién está frente a la Casta? Nosotros, el pueblo. La gente. Surge la pregunta ¿quiénes somos? Podríamos auto-definirnos como una multitud de singularidades ultrajadas; somos el parado de larga duración que tiene que pedir dinero prestado a sus vecinos porque no llega a fin de mes; somos la joven con dos carreras y cuatro idiomas que tiene que emigrar fuera de España -en contra de su voluntad- para mendigar un puesto de trabajo a media jornada, muy por debajo de su cualificación; somos el jubilado que tiene que dar de comer a sus hijos y nietos con su escuálida pensión; somos la mujer a la que le quieren cercenar sus derechos reproductivos; somos el hombre que titubea de pie en el quicio de la ventana mientras tocan a la puerta cinco agentes destinados a desahuciarle (agentes, dicho sea de paso, que con toda seguridad preferirían estar poniéndole las esposas a los mafiosos que provocaron la crisis-estafa); somos el niño que hace la única comida del día en el comedor escolar; somos la mujer de la limpieza que llora silenciosamente por no poderle pagar la matrícula universitaria a sus hijos; en definitiva, somos "los de abajo".
La Casta nos quiere divididos ideológicamente (tú eras de derechas, yo de izquierdas, el otro ni siquiera se definía). La Casta nos quiere sumisos, cierto, pero también nos quiere rebeldes, siempre y cuando dicha rebelión se ciña a la manifestación gritona e incluso a la huelga (siempre y cuando ésta consista en un pataleo estéril de un día). La Casta nos quiere en casa, en el estadio, en la oficina o en el bar. ¿Saben, queridos conciudadanos, cuál es el único sitio donde La Casta no nos quiere ver bajo ningún concepto? En las Instituciones. Gobernando para los de abajo. Y por eso nos tienen miedo. Porque saben que podemos arrebatarles el poder político y, desde ahí, transformar la sociedad tutelados por las palabras del viejo Sócrates: "¿Qué arte nos libra de la pobreza? ¿No es acaso la economía?".
Desde PODEMOS apelamos a la unidad popular, al empoderamiento de la gente para sacar cuanto antes de las Instituciones a esta manada de golfos y corruptos que viene embridando las ansias de emancipación del pueblo español desde hace ya demasiadas décadas. El proyecto consiste en buscar las demandas que compartimos (que son muchas) en una situación de emergencia nacional donde es muchísimo más lo que nos une que lo que nos separa. Ya lo decía una pancarta del 15M: "Bajemos las banderas para vernos las caras". Si somos capaces de unirnos, nada ni nadie podrá pararnos. Porque juntos podemos, claro que PODEMOS.
Diego Perdomo es filólogo y miembro del Círculo de PODEMOS en Gran Canaria

lunes, 28 de abril de 2014

Compartimos algunos de los vídeos de Podemos.

"Cuéntame" parece que elección tras elección quieren contarnos el mismo capítulo.
Es hora de cambiar las cosas Ahora Podemos

Cuéntame...

Y un poco de humor:

EnGénova se enteran del resultado de las elecciones